"La perdí" se repetía constantemente mientras se tapaba la
cara con sus manos evitando dejar a la vista aquellas
lágrimas sinceras y, como él, impregnadas de amor, que se
deslizaban por sus mejillas. Le escocían los ojos de tanto
restregárselos con el objetivo de borrar la tristeza de su
mirada, pero esta aún perduraba en su corazón. Se dejó
caer lentamente desde el borde de la cama hasta el suelo,
donde se sentó temeroso, abrazando sus rodillas,
sintiéndose más pequeño que nunca y recordando lo que
vivió a su lado. Se acordaba de esa chica que desde el
primer momento le trató de una forma especial, distinta al
resto, de esa sonrisa que siempre le tenía preparada sin
importar si ella estaba bien o no, lo único que quería era
alegrarle la vida a él, de las palabras adecuadas que tenía
preparadas para cada momento, esas que eran justo las que
él necesitaba escuchar. Y es que ella... ella le entregó su
ser durante el tiempo que el destino les permitió. Ella, una
chica sencilla y entregada a él, no le quitaba la mirada en
ningún momento porque su vida giraba en torno a él, pero
el tiempo y las circunstancias hicieron que todo cambiara.
Ella seguía con la ilusión en su corazón de que él, por una
vez desde que le conocía, diera un paso al frente lleno de
coraje y valor y fuera a buscarla, que la prometiera que
nunca se iría de su lado y que se dieran una oportunidad. Y
mientras pasaban las estaciones, mientras corría el reloj y
avanzaba presto el minutero, ese momento no llegaba. Al
contrario, todo se iba desvaneciendo y la distancia, poco a
poco, acabó con ellos. Desde entonces, él se maldice por no
haberse atrevido a luchar por esa persona especial que se lo
mereció como ninguna otra, porque aunque lo haya
intentado, ninguna otra mujer ha podido hacerle olvidar
cada gesto, cada caricia, cada acercamiento, cada
conversación, cada mirada, cada razón por la que sonreír. Y
se lamenta pensando que ella estará con alguien que la
haga todo lo feliz que él no supo, pero, lo que él no sabe es
que esa chica del pasado le tiene muy presente. Ella
también piensa en él, ella también se acuerda de él, en su
mente y en su corazón sigue estando él. Pero como
siempre, el tren pasará y ninguno de los dos se atreverá a
cogerlo. Porque ellos tienen algo que les separa, la
distancia, pero también tienen algo que les une y que es
más fuerte, el miedo.

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